Estás en: Instituto de Salud Carlos III >> El Instituto >> Comunicación >> Noticias y actos >> Investigadores de la Red de Investigación en Enfermedades Tropicales del Instituto de Salud Carlos III descubren indicadores claves para controlar la Enfermedad de Chagas

Comunicación

Noticias y actos

Investigadores de la Red de Investigación en Enfermedades Tropicales del Instituto de Salud Carlos III descubren indicadores claves para controlar la Enfermedad de Chagas

21/02/2012

La Enfermedad afecta a 30.000 personas en España y a 10 millones den el mundo

Investigadores de la Red de Investigación en Enfermedades Tropicales del Instituto de Salud Carlos III descubren indicadores claves para controlar la Enfermedad de Chagas

Madrid, 21 de febrero de 2012.-  Un equipo integrado en al Red de Investigación en Enfermedades Tropicales del Instituto de Salud Carlos III ha descubierto  biomarcadores claves para controlar la Enfermedad de Chagas. El estudio multicéntrico ha sido coordinado por los doctores Manuel Carlos López y M. Carmen Thomas del Instituto de Parasitología y Biomedicina López Neyra perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Granada). Han intervenido además la Unidad Regional de Medicina Tropical, Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, dirigida por el Dr. Manuel Segovia, el grupo del CRESIB - Hospital Clínic de Barcelona dirigido por el Dr. Joaquim Gascon y los grupos dirigidos por la Dra. Belkis Alarcón y el Dr. Oscar Noya del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de Central de Venezuela.

Considerada como desatendida por la OMS, la enfermedad de Chagas tiene más de 30.000 casos en España aunque sea endémica del continente americano. Afecta a más de 10 millones de personas, presentando elevados índices de morbilidad y mortalidad. Las heces de una chinche llamada vinchuca que habita en las grietas de paredes y tejados en viviendas de adobe y paja, son la forma más frecuente de transmisión del parásito Trypanosoma cruzi causante de la enfermedad. También se puede contraer al beber el jugo de ciertas frutas, porque el parásito puede vivir 30 días en su interior.

La llegada de población inmigrante procedente de áreas endémicas americanas en estas últimas décadas y las mujeres gestantes de estas poblaciones son la principal fuente de posible transmisión en nuestro país. Curiosamente esta transmisión congénita en España es muy superior a la que se está dando en Latinoamérica. Todo eso hace que la enfermedad se esté expandiendo en nuestro país, creando un problema sanitario que además lleva parejo un altísimo coste económico.

Síntomas silenciosos

Muchas personas no saben que llevan hasta 25 años padeciendo Chagas porque sus síntomas son silenciosos. La enfermedad tiene una primera fase aguda con síntomas similares a los de una gripe. Si no es tratada en esta primera fase los enfermos pasan durante 20 o 30 años por una fase crónica indeterminada, pasando entre el 20% y el 30% de los pacientes a desarrollar alteraciones cardiacas, un 10% alteraciones digestivas o ambas y en menor porcentaje una forma neurológica. Durante estos años de fase indeterminada el parásito está dentro del organismo reproduciéndose y provocando “en silencio” daños en diferentes tejidos sin que afloren los síntomas.

Durante el embarazo el sistema inmunológico de la madre suaviza su capacidad defensiva para no alterar la “mitad de hijo que no es propio del cuerpo de la madre”. Ese proceso fisiológico, provoca un incremento del nivel de parásitos en sangre que favorece la transmisión de Chagas de la madre al hijo.
“Cómo está afectando el agente infeccioso (Trypanosoma cruzi ) a los tejidos durante la fase crónica “asintomática” de la enfermedad (fase indeterminada), decidir sobre la conveniencia o no de tratar a un paciente con la enfermedad, saber si el tratamiento está resultando eficaz o conocer si el paciente está tomando o no la medicación, eran hasta ahora aspectos demandados por los médicos pero imposibles de conocer debido a la falta de indicadores que les informaran sobre ellos”, según destaca el Dr Agustín Benito Llanes, Coordinador de la Red de Investigación en Enfermedades Tropicales (RICET) y director del Centro Nacional de Medicina Tropical, ambos pertenecientes al Instituto de Salud Carlos III.

Hasta ahora no existían marcadores que indicaran como estaban siendo afectados los tejidos durante los 20-30 años en que la enfermedad es asintomática. Tampoco se podía saber cómo evolucionaba la enfermedad, ya que la velocidad a la que progresa depende de la capacidad de respuesta del sistema inmunológico de cada persona frente a la actividad del parásito.

Cuando se diagnostica a uno de estos pacientes el primer problema que se le plantea al médico es si tratarlo o no tratarlo, porque no saben hasta qué grado está afectada por la enfermedad cada persona. Además tampoco se sabe si los tejidos de la persona están siendo afectados o el parásito se encuentra latente pero si causar daños. Los medicamentos utilizados para Chagas son tóxicos (producen hipersensibilidades, alergias, etc) y hasta ahora no existían marcadores que pudieran indicar al médico qué hacer en cada caso concreto.

Una vez puesto el tratamiento, tampoco existían marcadores para que los médicos conocieran si el tratamiento estaba resultando eficaz o no. La serología o prueba que permite comprobar la presencia de anticuerpos específicos de Chagas en sangre tarda en cambiar y no se modifica por estar recibiendo tratamiento. Esto significa que los afectados de Chagas hasta ahora podían estar recibiendo sucesivos tratamientos durante años sin que el médico supiera en realidad si se estaban curando o no.

Incluso en estos momentos está abierta una discusión científica sobre si los tratamientos curan o no durante la etapa asintomática. El tratamiento actúa eficazmente contra el parásito que está en la sangre, pero no se sabe si también lo hace con el parásito que ya está en los tejidos degradándolos.
Otro de los aspectos desconocidos hasta ahora por los médicos era si los pacientes realmente tomaban la medicación. Los indicadores descubiertos han hecho aflorar casos en que no se estaba realizando el cumplimiento terapéutico.

Los investigadores de la RICET han hallado unos biomarcadores que permiten identificar la caída de anticuerpos cuando el tratamiento está o no resultando eficaz. Con este sistema saben, primero si está tomando o no el tratamiento y segundo, si está en vía o no de curación. Además el biomarcador detecta posibles recaídas de la enfermedad.

Estos hallazgos de los científicos de la RICET han sido publicados en las revistas científicas BMC Infectious Diseases y Clinical and Vaccine Inmunology.


Fácilmente aplicación

Los biomarcadores descubiertos por los investigadores de la RICET tendrán una fácil aplicación práctica a los pacientes. Bastará una técnica serológica no convencional de sencilla realización y coste no elevado, basada en la determinación del nivel de anticuerpos existente en el suero de los pacientes de Chagas.
Pero para ello será necesaria la participación de una empresa dispuesta a desarrollar el kit de medición y a distribuirlo por todo el sistema sanitario español.
La implantación de este sistema permitiría disminuir enormemente los casos de personas con alteraciones tisulares y por tanto con hospitalización y elevados costes sanitarios. También se podría identificar a quien se debe tratar o no y con ello hacer un tratamiento mucho más selectivo que el actual. Además se frenaría la actual expansión de la enfermedad de Chagas en España y su aplicación se extendería a países donde no existe transmisión por los vectores. Igualmente permitiría prevenir los casos de transmisión madre-hijo o evitar que se esté tratando a gente que es posible que no tuviera por qué estar tratándose.

La clave ha estado en que los investigadores de la RICET, usando proteínas recombinantes han logrado demostrar que tanto los pacientes con Chagas crónico en fase indeterminada como aquellos con sintomatología cardiaca o digestiva presentan un nivel significativamente superior de anticuerpos frente a los antígenos KMP11, HSP70, PFR2 de T. cruzi, que el nivel detectado en personas sanas.
Además han observado en estos pacientes con Chagas un descenso, estadísticamente significativo, en el nivel de anticuerpos específicos frente a las mencionadas moléculas, a los seis y nueve meses tras-tratamiento. Dos años después del inicio del tratamiento, entre el 34 y el 67% de los pacientes de Chagas, mostraron un mayor descenso en la reactividad frente a los antígenos recombinantes a ensayo.

Estos científicos han demostrado también cómo el péptido llamado 3973, contenido en una proteína (TcCA2) de la membrana de T. cruzi, es reconocido por enfermos de Chagas crónico con una sensibilidad mayor al 90% y una especificidad del 98%. Además la tasa de reconocimiento del mencionado péptido es significativamente mayor en los pacientes que están en fase crónica sintomática (cardiacos y/o digestivos) que en pacientes crónicos en fase indeterminada.


La importancia del hallazgo y el método

La investigación desarrollada representa un relevante avance en la búsqueda y obtención de herramientas útiles en clínica y necesarias para el control de la enfermedad de Chagas.

En 1998 la OMS declaró como meta para la eliminación de la transmisión de Chagas el año 2010. Según el Coordinador de la RICET el Dr Agustín Benito “Esto no se ha producido entre otras cosas por una falta de inversión económica. Es necesario invertir en I+D de la enfermedad de Chagas no solo en los países endémicos, sino también en España porque suponen muchos pacientes y una sobrecarga para el sistema sanitario. Haciendo un tratamiento adecuado, correctamente seguido y aplicado solo a quien lo necesita, entre 5.000 y 10.000 personas se evitarán por ejemplo tener alteraciones cardíacas que van a terminar necesitando entre otras cosas más de 1.000 marcapasos”.

Según el Dr Benito “Esta investigación jamás se podría haber realizado de no existir un sistema de trabajo en red como el desarrollado por las RETICS y concretamente la de la Red de Enfermedades Tropicales. Hubiera sido imposible porque es necesario quien resalte la necesidad, quien aporte los pacientes, quien investigue y quien evalúe clínicamente la eficacia del hallazgo científico. Todo eso es una forma de trabajar basada en la interrelación y que se llama investigación en red, como la que desarrolla la RICET”.


Para más información:
Milagros Iglesias
Instituto de Salud Carlos III
Responsable de Prensa y Comunicación
91822 24 51


® Instituto de Salud Carlos III