La comunidad internacional de micología científica y médica propone un plan global contra las resistencias antifúngicas
15/04/2026

Las resistencias antimicrobianas son uno de los grandes problemas de salud pública, ya que dificultan la eficacia de los tratamientos en enfermedades causadas por virus, bacterias, hongos, etc. En el caso de las infecciones causadas por hongos, existe un cierto hándicap por falta de visibilidad y apoyos globales, por lo que en los últimos años la comunidad investigadora de micología científica y médica está impulsando iniciativas que generen una mayor conciencia científica y social en torno a las resistencias a los medicamentos antifúngicos.
El último ejemplo es la publicación, en la revista Nature Medicine, de un llamamiento frente a la resistencia antifúngica, que firman más de 50 investigadores e investigadoras de dieciséis organizaciones internacionales. Entre las firmantes está Ana Alastruey, científica del ISCIII en el Laboratorio de Referencia e Investigación en Micología del Centro Nacional de Microbiología (CNM).
Este manifiesto incluye un plan de acción concreto, basado en cinco pilares, para mejorar la vigilancia y frenar el avance de la resistencia a los antifúngicos, y está focalizado en la atención a personas especialmente vulnerables ante estas infecciones. Los cinco pilares sobre los que se asienta el plan son: concienciación y formación, vigilancia, prevención y control de infecciones, uso optimizado de antifúngicos e inversión en diagnóstico e innovación terapéutica. El objetivo es impulsar medidas concretas urgentes coordinadas de manera global.
Los hongos están por todas partes
Un número creciente de hongos está desarrollando cada vez mayores resistencias a los fármacos, lo que supone un riesgo cada vez mayor para los pacientes con sistemas inmunitarios debilitados. En personas sanas, esta situación suele no tener consecuencias graves, pero en pacientes inmunodeprimidos puede provocar infecciones graves y potencialmente mortales.
Son diversas las especies de hongos pueden causar infecciones en personas. Los hongos cutáneos suelen producir afecciones leves, como el pie de atleta o las infecciones de las uñas. Sin embargo, están emergiendo cada vez más especies persistentes y resistentes a los tratamientos, como Trichophyton indotineae, que puede causar infecciones graves en la piel difíciles de tratar.
En el ámbito hospitalario, Candidozyma auris representa una amenaza especialmente preocupante, ya que puede provocar infecciones graves del torrente sanguíneo en pacientes vulnerables -aproximadamente uno de cada tres pacientes con este tipo de infección no logra sobrevivir-. También preocupa Aspergillus fumigatus, cuya resistencia a los medicamentos denominados azoles se ha detectado a nivel global y compromete de forma significativa las opciones terapéuticas disponibles.
Esta publicación en Nature Medicine, que representa un paso clave en el marco de la actualización en 2026 del Plan Global de Acción frente a la Resistencia Antimicrobiana de la Organización Mundial de la Salud (OMS), supone una llamada a la acción que los firmantes consideran necesaria para aumentar la atención científica y social sobre estas infecciones. Hace dos años, The Lancet publicó un llamamiento similar al publicado ahora en Nature Medicine.
Un problema con origen ambiental: enfoque One Health
"La resistencia a los antifúngicos es una amenaza emergente que ya está teniendo un impacto directo en la morbimortalidad de los pacientes. Abordarla requiere una respuesta coordinada que integre la vigilancia, el diagnóstico y la prevención desde una perspectiva One Health que conjugue la salud humana, animal y ambiental", explica la investigadora del ISCIII.
La resistencia a los antifúngicos no se desarrolla únicamente en los hospitales, sino principalmente en el medio ambiente. Los fungicidas utilizados para proteger los cultivos frente a enfermedades fúngicas son, en muchos casos, muy similares a los antifúngicos empleados en medicina humana. Su uso en agricultura favorece la selección de hongos resistentes, que posteriormente pueden causar infecciones más difíciles de tratar en los pacientes. Este uso compartido de compuestos antifúngicos pone de manifiesto la estrecha interconexión entre el medio ambiente, la sanidad animal y la salud humana.
Para proteger tanto la seguridad alimentaria global como la eficacia de los tratamientos frente a las enfermedades fúngicas, los autores del manifiesto subrayan la necesidad de colaboraciones multidisciplinares y multisectoriales, que incluyan a científicos, profesionales sanitarios, responsables políticos y otros actores clave.
Según recuerdan, en los últimos años se han puesto en marcha algunas iniciativas relevantes, como la lista de patógenos fúngicos prioritarios de la OMS -en el que la doctora Ana Alastruey lideró el grupo de expertos técnicos-, y la creación de grupos de trabajo One Health en sociedades internacionales de micología. No obstante, advierten de que estas iniciativas deben integrarse de manera más efectiva en las políticas globales de resistencia antimicrobiana.
- Referencia del artículo: Verweij, P.E., Alastruey-Izquierdo, A., Amilon, K. et al. Closing the gap on antifungal resistance. Nat Med (2026). https://doi.org/10.1038/s41591-026-04334-5.
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